lunes, 24 de agosto de 2009

La injusta competencia extranjera 2


Federico Sturzenegger, quien es el presidente del Banco Ciudad de Buenos Aires, dice en su libro La economía de los argentinos:
Supongamos que nuestro objetivo fuera desarrollar la industria nacional y el empleo. Para lograr ese gran objetivo alguien sugiere que se necesita generar demanda para nuestros propios productos y, consecuentemente, que no es bueno que comerciemos con el resto del mundo para evitar la competencia de productos extranjeros. La idea se discute y nos convencemos de que con esta medida vamos a estar genial. Entonces la ponemos en marcha cerrando todas las fronteras. Una vez que la medida está implementada, alguien podría decir: ¡Un momento! Si esto es bueno para el país, también debe serlo para un subconjunto del país. Hagamos lo siguiente: cerremos las provincias. Si es bueno que el país no comercie con el resto del mundo, entonces tiene que ser bueno que la provincia de Buenos Aires no comercie con los demás, porque entonces vamos a desarrollar mejor todas las industrias de la provincia de Buenos Aires. Como el razonamiento parece impecable, todas las provincias se entusiasman y la propuesta gana el apoyo unánime de todos los gobernadores. Entonces cerramos todas las provincias, que quedan aisladas entre sí y producen lo que pueden. Alguien notará que faltan bananas en Río Gallegos o que no hay lana en Formosa, pero estas pequeñeces serán descalificadas en un momento en el que el país está encarando reformas tan revolucionarias. Un buen día, el intendente de la ciudad de La Plata dice: Si es una buena idea para la provincia, implementémosla para la ciudad. Y entonces la cierra. Nadie de la ciudad puede comerciar con nadie de afuera. Ahora la gente empieza a sentir ahogo, muchos productos (casi todos) comienzan a escasear y, como cada vez que se rompe algo es imposible conseguir un repuesto, surgen mercados de trueque donde las cosas que se conseguían cuando la ciudad comerciaba con otras ahora se venden a precios insólitos. Pero el objetivo está en camino de ser logrado: lo que se consume en La Plata se produce en La Plata. Aunque algunos ya empiezan a dudar de la propuesta, el delegado municipal de City Bell (localidad del partido de La Plata) dice: “Miren muchachos, si esto es una buena idea, lo hacemos para City Bell. Es fácil imaginar dónde termina este proceso. Termina en una manzana, o en una casa, lo cual implica que la gente debe arreglarse con lo que se puede producir en esa manzana o en ese patio. Y así llegamos a un mundo que es de autarquía o autosuficiencia: un mundo sin comercio. En ese mundo la gente se queda en su casa tratando de cultivar tomates en el jardín, casi lo único que pueden producir antes de morirse de hambre, porque ¿de dónde va a sacar la semilla?”

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