miércoles, 27 de agosto de 2014

CORRUPCIÓN

Se suele afirmar que cuando los argentinos viajan a EEUU se comportan mejor que como lo hacen estando en Argentina. Allá tiran los papeles en el tacho y cumplen con las reglas, se dice. Pero ¿por qué no se comportan acá como lo hacen allá?

 Fisman y Miguel realizaron la siguiente prueba: Tomaron todas las más de 14.000 infracciones de tránsito por las cuales fueron multados los diplomáticos radicados en New York.

 Estos funcionarios gozan de inmunidad diplomática, por lo que si bien reciben la infracción, no es necesario que la paguen. Es decir, no reciben ninguna sanción, aunque la multa se las hacen igual. Lo que ofrece la posibilidad de realizar un experimento natural sobre cuán respetuosos somos de las normas, aún cuando no hay penalidad por infringirlas.

 Para tener una idea de la dimensión de las multas realizadas por diplomáticos radicados en New York: entre el ‘97 y el ‘02 generaron más de 150.000 multas por valor de USD18 mlls.

 Los autores desarrollaron un modelo estadístico para explicar por qué algunos diplomáticos reciben más multas que otros. El modelo contempla diferentes índices de corrupción por países, el nivel de ingreso per cápita, la cantidad de tiempo que llevan radicados en EEUU, la aversión que tienen hacia EEUU, entre otras variables.

Los resultados fueron:

a) Los diplomáticos de países más corruptos infringen más la ley que aquellos que provienen de países menos corruptos.

b) Los diplomáticos que provienen de países que tienen más enemistad hacia EEUU, peor se comportan.

Es decir, uno lleva consigo -grabada en el hábito- una dosis de corrupción. Tenemos introyectadas las normas sociales establecidas en la comunidad en la que habitualmente vivimos y las transportamos hacia donde nos trasladamos.

 Por eso Freud indicaba, en “El porvenir de una ilusión”, el valor social que tiene la internalización de la ley: “Este fortalecimiento del superyó es un patrimonio psicológico de la cultura, de supremo valor. Las personas en quienes se consuma se transforman, de enemigos de la cultura, en portadores de ella. Mientras mayor sea su número dentro de un círculo cultural, tanto más segura estará esa cultura y más podrá prescindir de los medios de compulsión externa”.

En otras palabras, no hace falta el poder policíaco cuando aprendimos y aceptamos como propia la ley. Sin embargo, el hábito es una programación poco plástica; requiere de una gran inversión para modificarlo.

El estudio reveló, también, que dado que no hay necesidad de pagar multas, con el tiempo los diplomáticos aprenden y hacen más uso de este poder. Es decir, sin sanciones, hay más infracciones. Sin embargo, los diplomáticos de países más corruptos, incrementan más las infracciones que los que provienen de países menos corruptos.

Adicionalmente, los diplomáticos de países con más animadversión hacia EEUU, más multas cometen. Es decir, consideramos que no está tan mal infringir la ley si aquellos a los que perjudicamos no son de nuestro agrado.

En definitiva, los argentinos se comportan mejor en EEUU porque reconocen que hay una autoridad que efectivamente aplicará sanciones en caso de no cumplir con las normas. De no existir esa autoridad, con el tiempo se comportarían igual que en Argentina.

El mapa de calor muestra los países más corruptos de acuerdo al estudio.



Link:
Cultures of Corruption: Evidence from Diplomatic Parking Tickets - Fisman y Miguel.
http://www.nber.org/papers/w12312.pdf

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